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La cuenta maya del tiempo natural: una oportunidad para la conexión con la naturaleza humana, planetaria y cósmica

La cuenta maya del tiempo natural: una oportunidad para la conexión con la naturaleza humana, planetaria y cósmica

Según la hipótesis de Sapir-Whorf, la estructura de una lengua determina, al menos en parte, la forma en que la persona percibe y se relaciona con la realidad. ¿Podría ser que nuestra forma de percibir, entender y vivir el tiempo estuviera también determinada por la forma como nos organizamos en el tiempo (es decir, por nuestro calendario)? Si comparamos el calendario gregoriano con otros almanaques, nos daremos cuenta que nuestro calendario, el predominante actualmente en todo el planeta, está desligado de la naturaleza en muchos niveles. ¿Puede ser éste uno de los motivos de que nuestra civilización se haya ido separando cada vez más de la naturaleza, creando cada vez más necesidad de consumir recursos y de generar residuos a un ritmo que el planeta no es capaz de reabsorber? ¿No será uno de los motivos de que a nivel individual vivamos también desconectados de nuestra propia naturaleza humana y de una espiritualidad aplicada al día a día, viviendo una vida para pagar y trabajar al ritmo de un reloj y una agenda?

En este momento estamos girando sobre el eje terrestre a una velocidad superior a los 1000 km/h (en nuestra latitud). Al mismo tiempo, la luna está orbitando alrededor de la Tierra completando un ciclo cada 27.3 días y un ciclo de lunación cada 29.5 días. Al mismo tiempo, a la vez la Tierra está girando alrededor del Sol, que, a su vez, gira alrededor de otra estrella que también se encuentra girando alrededor de la galaxia. Definitivamente, no somos el ombligo del mundo.

El calendario gregoriano tiene una estructura irregular que no sigue casi ningún ciclo natural a parte del giro de la Tierra alrededor del Sol. En el transcurso de un año, vemos en el cielo 13 lunaciones, sin embargo tenemos 12 meses. La duración del mes puede ser de 28, 29, 30 o 31 días en función del mes (y del año). Los meses de septiembre (sept=7), octubre (oct=8), noviembre (nov=9) y diciembre (dic=10) no siguen el orden que su nombre indica. La raíz calendas proviene del latín y significa “libro de cuentas”, que era el libro que usaban los recaudadores de impuestos del imperio romano. Todavía llevamos el peso del nombre de dos emperadores en los nombres de algunos meses nuestro calendario: Julio César y Augusto. En definitiva, el calendario gregoriano es un constructo artificial que no se basa en nada natural y cuyos fines originales eran el sometimiento al poder (a través de la recaudación económica) y las guerras.

En el tiempo natural, el que existe fuera de nuestros relojes y agendas, coexisten varios ciclos repetitivos, regulares, que se combinan y solapan entre sí. Estos ciclos son los que gobiernan los procesos de vida y mantienen una coherencia y una integridad en toda la galaxia. Multitud de procesos biológicos, atmosféricos, oceánicos son regidos por estos ciclos. Los animales y las plantas siguen también estos ciclos e instintivamente saben cuando migrar, hibernar, crecer, florecer, etc. En nuestra experiencia podemos vivir el día y la noche, las fases lunares, los años, etc.

Los antiguos mayas sobresalieron por su conocimiento matemático y por su gran habilidad de observación de estos ciclos naturales. Ellos disponían de 17 calendarios para seguir la evolución cíclica de estos fenómenos, por ejemplo: los ciclos lunares, los eclipses, tránsitos de planetas e incluso fenómenos galácticos. Y todo ello sin el uso de nuestra sofisticada tecnología aeroespacial, ni siquiera con la ayuda de telescopios. Sus cuentas son sorprendentemente precisas y se separan de nuestras actuales mediciones científicas por pequeñas diferencias milimétricas. El uso de su matemática les permitía entender estos ciclos con una profundidad difícil de imaginar con nuestra mente actual acotada por un concepto de tiempo mecánico y lineal.

De entre estos calendarios, destaca la cuenta sagrada del tiempo, también conocida como TZOLKIN, que se compone de 260 días (que coincide con el tiempo de gestación de un humano, desde su concepción hasta el nacimiento). Esta cuenta tiene un carácter sagrado porque lleva implícito en su matemática los principios o leyes universales que ellos observaron sabiamente en el cosmos y en la naturaleza. Y también, porque dotaba de significado y de espiritualidad práctica a los demás calendarios y a todo (pues el tiempo está presente en todo). En esta cuenta basaban muchos aspectos de su vida incluyendo la arquitectura, la organización social, la música, la celebración de rituales y ceremonias, etc. Nos muestra que el tiempo es CONSCIENCIA y que a través de él nos conectamos con los distintos planos y niveles de la realidad.

José Argüelles, en la década de los 80, logró penetrar en los misterios asociados al mundo maya, a su conciencia, a sus calendarios y matemáticas. Logró rescatar un valioso conocimiento que permanecía encriptado y supo adaptarlo, de una manera asombrosa, a los parámetros de nuestra civilización actual. De esta manera, el conocimiento de la cuenta maya del tiempo natural nos permite conocer el PLAN DE VUELO DEL ALMA EN ESTA ENCARNACIÓN. Nos facilita cuál es nuestro propósito o misión en la vida, cuáles son los desafíos que nos hacen de maestros, qué potenciales tenemos que activar, y una larga lista de aspectos prácticos y espirituales que guían nuestra vida. Cuando nos sintonizamos con nuestra verdadera naturaleza esencial empezamos a movernos en SINCRONICIDAD con los ritmos naturales de la vida y del cosmos. ¡Y es entonces cuando la magia se da! Cuando la sincronicidad es la que nos lleva, nos trae y nos mece, nosotros podemos fluir por la vida de una manera más armoniosa, respetuosa y sin esfuerzo, sacando nuestro máximo potencial y entregándolo al servicio planetario, siempre por el bien mayor de todos los seres vivos que habitamos este planeta (y más allá).

Esto nos permite vivir el tiempo como una liberación de nuestra naturaleza, de nuestra mente condicionada, como un aprendizaje de nuestra alma en un tiempo cíclico, en el cual, tiene infinitas posibilidades de evolución. Es un gran contraste a la percepción actual y “gregoriana” de vivir el tiempo como una esclavitud donde vendemos nuestras horas por dinero, alejados de valores más elevados y a costa de la explotación de la naturaleza.
En palabras de Argüelles: “Quien es dueño de tu tiempo, es dueño de tu mente. Sé dueño de tu tiempo y conocerás a tu mente”.

Firmado:
Gerard Moré – Oxlahun Chuen
Terapeuta Corporal y Facilitador de la Cuenta Maya del Tiempo Natural
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María Álvarez – Hun Muluc
Psicóloga, Terapeuta Corporal Integrativa, Facilitadora de la Cuenta Maya del Tiempo Natural
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