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Susurros

Susurros

 “A ver, acércate… voy a decírtelo bajito. Necesito que cambies algo que estás haciendo mal y me está molestando, sabes lo que es. No voy a reaccionar negativamente aún, porque te considero mi mejor amigo y prefiero mantenerme sereno y tranquilo. Así que te lo pido por favor y de forma muy sutil… cambia tu actitud conmigo, no sigas por ese camino”, me pidió mi mejor amigo, amablemente y yo no cambié.

Tengo que apuntar que él, es uno de esos sabios… si, si… de esos que lo saben todo, pero de verdad.

Seguí haciéndolo mal, yo me sentía a gusto con la situación y por el momento no pensaba modificarla ni un ápice. Pero mi amigo, como tenía una paciencia poco común conmigo, me lo volvió a recordar; también porque teníamos una relación bastante estrecha, y creo que no necesitáis saber cuánto. Esta vez subió un poco más el tono, lo noté incluso algo enfadado, irritado más bien. Aunque al principio hice algunos cambios, tardé muy poco en volver a las andadas, incluso aún peor. Lo maltraté de todas las maneras posibles, lo martiricé, lo machaqué, puedo decir que fui una pésima amiga, la verdad. La situación, por supuesto, fue empeorando, pero él seguía a mi lado, a pesar de todas mis constantes vejaciones. Le hacía todo tipo de bromas pesadas, tales como: ensuciarlo, no dejarlo dormir, hacerlo quedar con gente cuando no le apetecía y hacer cosas que realmente no quería… en fin, hasta yo puedo decir que le hice pasar por todo un calvario.

Por supuesto no hace falta que nadie me diga lo que piensa. Este amigo mío o estaba ciego, o mucho, mucho me tenía que querer (y de esto último doy fe).

Como bien podéis imaginar, la paciencia no es infinita y un día se enfadó de tal manera que con sus gritos y su agresividad hizo que me desplomase. No entendía nada, no podía levantarme del suelo, mi cuerpo, mi amigo, no me respondía. Ahora quería enmendar lo herrado, pedirle perdón, volver hacia atrás y portarme mejor con él… y sólo me quedaba llorar de dolor y de impotencia por sus gritos desgarradores. ¿Acaso tengo derecho alguno a pedirle explicaciones?

Pero no voy a terminar esta historia, porque no es sólo mi historia, puede ser la de cualquiera que quiera mirarse dentro. Decide cómo quieres continuarla.

Todo comienza tras un susurro… escucha lo que dice Tu Cuerpo, Tu Amigo. Cada dolor, cada síntoma, cada enfermedad, es una pista que lleva a la solución. Solución que no castigo. Feliz amistad!

Paz Vicente

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