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Vivir el duelo

Vivir el duelo

La palabra duelo por sí misma te puede hace sentir incómodo/a, muchos pasarán por encima sin querer leer estas líneas por las creencias supersticiosas de atracción de la fatalidad. Si no es tu caso, o vences esas resistencias iniciales, puedes acercar tu mirada y compartir esta reflexión abierta de un proceso tan natural y habitual que no deberíamos descuidar en nuestro crecimiento personal.

La vida está llena de pequeñas y grandes pérdidas que bien pudieran ser un campo de entrenamiento para la gran pérdida, tanto la nuestra como la de nuestros seres queridos. Sin embargo, debido a nuestra falta de preparación, cultura, interés, entorno social, etc., estamos anestesiados y faltos de consciencia de lo efímero de la vida. Todos sabemos que vamos a morir y, sin embargo, cuando alguien de nuestro entorno fallece, lo sentimos como algo extraordinario y difícil de asumir como parte de la vida.

Es una paradoja que nos somete a entender nuestra existencia de una forma distorsionada lo que provoca, habitualmente, un dolor y sufrimiento temporal de gran intensidad.

Hay personas que de forma natural son capaces de ir atravesando las distintas fases del duelo de una forma autónoma, serena, pausada y sin grandes complicaciones. Otras sin embargo experimentan bloqueos que son incapaces de superar durante demasiado tiempo alterando y complicando su día a día.

Las redes de apoyo social y familiar a veces son insuficientes cuando toca afrontar el momento de la pérdida de un ser querido, y esto es algo que a todos, antes o después nos puede ocurrir. ¿Qué haremos entonces?

Distintos enfoques psicológicos y espirituales han ofrecido diversas técnicas para ayudar en esos momentos de profunda conmoción y vulnerabilidad. Uno de los más recientes es el enfoque Transpersonal.

Desde la Psicología Transpersonal toda crisis supone un momento único de indagación, una expresión de nuestras sombras que pueden ser observadas, que pueden ser atestiguadas y, desde ese punto, atravesarlas con compasión para poner luz aprovechando el sufrimiento como energía transformadora que nos aporte un desarrollo personal de mayor contacto con lo profundo, con nuestro Ser, haciendo que se manifieste nuestra verdadera naturaleza que nos ofrece una mirada de mayor amplitud, un espacio de amor donde cabe todo el sufrimiento, tanto el nuestro como el de los demás, para expandir desde allí una comprensión de la vida y, como no, de la muerte.

Este enfoque no trata, en primera instancia, llegar a ese nivel de profundidad existencial transpersonal puesto que en esos momentos cada uno tiene un dolor muy particular, una experiencia vital y una consciencia que puede o no estar en sincronía con un abordaje de investigación y comprensión trascendental que en ese momento, para algunas personas, sería hasta contraproducente. Tampoco se trata de responder a las inquietudes respecto al más allá ni a ningún fin espiritual o religioso místico o esotérico si no a verificar, por experiencia propia, el complejo mundo interior que nos aporta todos los recursos necesarios para transitar por esas experiencias únicas.

El espacio de alivio del sufrimiento desde una perspectiva de presencia y escucha activa, de una atestiguación, desde el silencio consciente y pleno que surge cuando el propio facilitador se posiciona más allá del plano cognitivo, de las herramientas de la mente racional y la comprensión, y se dispone a acompañar con toda su presencia desde la consciencia cardíaca. Esta es una de las diferencias significativas de los grupos y círculos de duelo tradicionales con el enfoque y perspectiva Transpersonal.

Todas las investigaciones actuales indican que la mejor forma que tienen los dolientes o supervivientes de afrontarlo es una combinación de ambas estrategias, grupal e individual por lo que acercarte a un grupo o círculo de duelo es una decisión que supondrá el inicio de una gran mejora en tu vida.

Podríamos preguntarnos si podemos hacer algo más cuando estamos acompañando a personas enfermas o moribundas, o incluso si nosotros mismos estamos en un proceso de salud complicado, si podemos mejorar nuestra comprensión de lo que ocurre, la respuesta es sí, por supuesto. Si tenemos la inquietud de hacernos la pregunta ya supone el primer paso para poder indagar e implicarnos en un desarrollo personal al respecto que hará que lleguemos donde sea que estemos preparados y, sea cual sea nuestro objetivo, al menos despertaremos parte de nuestra propia consciencia reduciendo nuestros temores, adquiriendo o mejorando nuestras habilidades y viviendo con más calma cualquier tipo de pérdida en la vida.

Todavía existen muchos prejuicios y tabúes respecto a la pérdida, la muerte y el duelo que hace que tengamos grandes resistencias al acercarnos a preguntar por una terapia o un grupo de duelo. Por suerte cada vez hay más sitios y profesionales dedicados a este tema a los que puedes acudir. Aprender sobre la muerte es aprender a disfrutar con mayor consciencia de la vida.

Carlos Kenshō (Martín)

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