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Juzgar: ¿Observo o me identifico?

Juzgar: ¿Observo o me identifico?

La mente es dual, todo lo califica de bueno o malo, positivo o negativo, correcto o incorrecto… Pero el hecho de que pensemos algo no implica que tengamos que creer que eso es cierto, o lo que es más, que creamos que somos eso,  y tengamos que defender ese concepto por el simple hecho de haberlo pensado. 

Dentro de esa defensa del concepto entra tanto el querer creernos más como el menosprecio hacia nosotros mismos.  Es decir, el hecho de pensar cosas calificadas como “malas” no implica que seamos malas personas, ni el hecho de pensar cosas “buenas” implica que seamos buenos. Tan solo implica que hemos pensado eso. El mero hecho de pensar algo no nos convierte en eso que hemos pensado. 

Sobre todo porque el calificativo de “bueno” o “malo” lo está lanzando mi mente desde el concepto que para uno (subjetivo) es lo “bueno” y lo “malo” que no necesariamente será lo “bueno” o lo “malo” para otra persona. Y estos conceptos están condicionados por nuestras experiencias que a su vez están condicionadas por el inconsciente. 

Como decíamos, la mente es dual, y como tal va a juzgar.  No podemos evitar juzgar, ponerle un calificativo positivo o negativo a todo desde la mente. Pero sí podemos decidir creer o no aquello que lanza mi mente. Es decir, tenemos 3 opciones:

1. Creernos ese juicio y calificar la situación, a los demás o a nosotros mismos como buenos o malos, que hacemos o no lo correcto, que la situación es mejor o peor, etc. Y defender mi postura, mi verdad (Querer llevar razón).

2. Podemos ser observadores del juicio sin identificarme con este (Aceptar).

3. Identificarme con el juicio que emito a priori y después observar mi propia identificación.

Si elegimos lo primero,  entraremos en una batalla constante en primer lugar con nosotros mismos, al juzgarnos por juzgar (fijaos que paradoja) y como consecuencia juzgando a los demás, pues me calificaré y compararé constantemente en función del propio juicio que hago de mí mismo desde la identificación con los conceptos adquiridos desde el inconsciente. 

Pero, ¿qué es esto del inconsciente? Es la incomprensión, el miedo que se instaura en la mente en un momento de la infancia. Es interpretar que ser nosotros mismos es censurable. Nos hemos sentido menospreciados (juzgados) porque en nuestro interior ha surgido un juicio (concepto) negativo de nosotros y se ha instaurado en nuestra mente inconsciente. Es aquí donde nace el concepto negativo del juicio, en el propio concepto que hemos creado de nosotros mismos. 

Nuestra mente identificada con la incomprensión funciona  por comparativa. Compara desde el inconsciente situaciones del pasado con las del presente, y si “detecta” algún elemento del entorno (ya sean personas, situaciones, colores, olores…), cualquier cosa que le recuerde a ese momento que calificó como peligroso (es decir, con sufrimiento físico o sentimental), se defenderá tratando de alejarse de esta situación, persona o concepto defendiéndose y agarrándose al concepto contrario.

Pero curiosamente conseguimos el efecto contrario al que se desea. Reiteramos el ejemplo del juicio: es “malo” juzgar, como consecuencia, juzgo a los que juzgan. Esto es un reflejo de nuestro temor al miedo. Cuando tratamos de alejarnos de este, estamos llamando a su puerta. 

Sin embargo, si decidimos ser observadores del juicio que lanza mi mente sin identificarme con este, podremos ver qué es lo que hay detrás de ese juicio, qué miedo o incomprensión del pasado estamos re-estimulando, por qué (motivo) y para qué (finalidad) nos estamos comparando.  Podremos observar nuestras emociones y  pensamientos y saber qué hay detrás de estos: si quiero que me comprendan, si quiero demostrar algo a los demás o a mí mismo, si quiero que tengan un buen concepto de mí, si temo que personas a las que quiero se alejen…  Y entender que no soy ese concepto, que eso es tan solo eso, un concepto al que mi mente quiere agarrarse para seguir viviendo en el miedo y de esta forma tener una excusa para no tomar la responsabilidad de mi vida.  

Ya hemos expuesto que la mente es dual, por tanto, percibimos también la vida de una forma dual. Pero si llegamos a un entendimiento de lo que se expone, podemos llegar a aceptar esta dualidad sin enfrentarnos a esta. Si la aceptamos, implicará aceptar también que juzgamos, pero que no somos ese juicio. Que nos convertimos en ese juicio si lo defendemos. Que podemos utilizar ese juicio para llegar a una comprensión y entendimiento más profundo de Quienes Somos.  

Pero tengo una 3ª opción: identificarme a priori y observar después mi propia identificación sin juzgarme por ello. Esto es realmente ACEPTAR lo que implica Ser Humano: permitirme caer en estados de inconsciencia. Porque Ser Humano implica también identificarse con el Ego y esto también es Divino. Porque vivir la experiencia de la vida lo abarca todo: momentos de consciencia y de inconsciencia, momentos de espontaneidad y de impulsividad. 

Aceptando esto, ya no necesitaremos agarrarnos a los conceptos positivos ni huir de los conceptos negativos ya que ambos me dirán mucho del momento en el que me encuentro. Esto es aplicar la no-dualidad en la dualidad de la vida, esto es aceptar que somos Seres Humanos. Esto es amar realmente lo terrenal, ver la Divinidad en expresión en todo lo que me rodea, incluso en el propio juicio que emitimos. 

Daniel Piñero Salido

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La mente es dual, todo lo califica de bueno o malo, positivo o negativo, correcto o incorrecto… Pero el hecho de que pensemos algo no implica que tengamos que creer que eso es cierto, o lo que es más, que creamos que somos eso,  y tengamos que defender ese concepto por el simple hecho de haberlo pensado.

Dentro de esa defensa del concepto entra tanto el querer creernos más como el menosprecio hacia nosotros mismos.  Es decir, el hecho de pensar cosas calificadas como “malas” no implica que seamos malas personas, ni el hecho de pensar cosas “buenas” implica que seamos buenos. Tan solo implica que hemos pensado eso. El mero hecho de pensar algo no nos convierte en eso que hemos pensado.

Sobre todo porque el calificativo de “bueno” o “malo” lo está lanzando mi mente desde el concepto que para uno (subjetivo) es lo “bueno” y lo “malo” que no necesariamente será lo “bueno” o lo “malo” para otra persona. Y estos conceptos están condicionados por nuestras experiencias que a su vez están condicionadas por el inconsciente.

Como decíamos, la mente es dual, y como tal va a juzgar.  No podemos evitar juzgar, ponerle un calificativo positivo o negativo a todo desde la mente. Pero sí podemos decidir creer o no aquello que lanza mi mente. Es decir, tenemos 3 opciones:

1.      Creernos ese juicio y calificar la situación, a los demás o a nosotros mismos como buenos o malos, que hacemos o no lo correcto, que la situación es mejor o peor, etc. Y defender mi postura, mi verdad (Querer llevar razón).

2.      Podemos ser observadores del juicio sin identificarme con este (Aceptar).

3.      Identificarme con el juicio que emito a priori y después observar mi propia identificación.

Si elegimos lo primero,  entraremos en una batalla constante en primer lugar con nosotros mismos, al juzgarnos por juzgar (fijaos que paradoja) y como consecuencia juzgando a los demás, pues me calificaré y compararé constantemente en función del propio juicio que hago de mí mismo desde la identificación con los conceptos adquiridos desde el inconsciente.

Pero, ¿qué es esto del inconsciente? Es la incomprensión, el miedo que se instaura en la mente en un momento de la infancia. Es interpretar que ser nosotros mismos es censurable. Nos hemos sentido menospreciados (juzgados) porque en nuestro interior ha surgido un juicio (concepto) negativo de nosotros y se ha instaurado en nuestra mente inconsciente. Es aquí donde nace el concepto negativo del juicio, en el propio concepto que hemos creado de nosotros mismos.

Nuestra mente identificada con la incomprensión funciona  por comparativa. Compara desde el inconsciente situaciones del pasado con las del presente, y si “detecta” algún elemento del entorno (ya sean personas, situaciones, colores, olores…), cualquier cosa que le recuerde a ese momento que calificó como peligroso (es decir, con sufrimiento físico o sentimental), se defenderá tratando de alejarse de esta situación, persona o concepto defendiéndose y agarrándose al concepto contrario.

Pero curiosamente conseguimos el efecto contrario al que se desea. Reiteramos el ejemplo del juicio: es “malo” juzgar, como consecuencia, juzgo a los que juzgan. Esto es un reflejo de nuestro temor al miedo. Cuando tratamos de alejarnos de este, estamos llamando a su puerta.

Sin embargo, si decidimos ser observadores del juicio que lanza mi mente sin identificarme con este, podremos ver qué es lo que hay detrás de ese juicio, qué miedo o incomprensión del pasado estamos re-estimulando, por qué (motivo) y para qué (finalidad) nos estamos comparando.  Podremos observar nuestras emociones y  pensamientos y saber qué hay detrás de estos: si quiero que me comprendan, si quiero demostrar algo a los demás o a mí mismo, si quiero que tengan un buen concepto de mí, si temo que personas a las que quiero se alejen…  Y entender que no soy ese concepto, que eso es tan solo eso, un concepto al que mi mente quiere agarrarse para seguir viviendo en el miedo y de esta forma tener una excusa para no tomar la responsabilidad de mi vida. 

Ya hemos expuesto que la mente es dual, por tanto, percibimos también la vida de una forma dual. Pero si llegamos a un entendimiento de lo que se expone, podemos llegar a aceptar esta dualidad sin enfrentarnos a esta. Si la aceptamos, implicará aceptar también que juzgamos, pero que no somos ese juicio. Que nos convertimos en ese juicio si lo defendemos. Que podemos utilizar ese juicio para llegar a una comprensión y entendimiento más profundo de Quienes Somos.  

Pero tengo una 3ª opción: identificarme a priori y observar después mi propia identificación sin juzgarme por ello. Esto es realmente ACEPTAR lo que implica Ser Humano: permitirme caer en estados de inconsciencia. Porque Ser Humano implica también identificarse con el Ego y esto también es Divino. Porque vivir la experiencia de la vida lo abarca todo: momentos de consciencia y de inconsciencia, momentos de espontaneidad y de impulsividad.

Aceptando esto, ya no necesitaremos agarrarnos a los conceptos positivos ni huir de los conceptos negativos ya que ambos me dirán mucho del momento en el que me encuentro. Esto es aplicar la no-dualidad en la dualidad de la vida, esto es aceptar que somos Seres Humanos. Esto es amar realmente lo terrenal, ver la Divinidad en expresión en todo lo que me rodea, incluso en el propio juicio que emitimos.

Daniel Piñero Salido

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