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El Padre

El Padre

A lo largo de mi trayectoria profesional he aprendido a valorar lo que hubo y a construir a partir de lo que hubo. He aprendido a que lo más importante que nos dieron nuestros padres fue la vida y a agradecérsela y que nuestra grandeza, fuerza y plenitud está en agradecer lo recibido y aprender a construir lo que falta, hasta que nos sintamos a gusto en nuestra piel y en nuestra alma.
Mi padre real fue un hombre que me dio lo que pudo. Él era alcohólico y padecía un trastorno bipolar, desde que yo nací año si año no estaba internado en el psiquiátrico durante meses hasta que el médico consideraba que ya estaba bien para volver a la vida cotidiana o él se escapaba.

El primer hombre en la vida de una mujer es su padre. En el contacto con él se van desarrollando los siguientes aspectos:

• Se va fraguando la forma de relacionarse con los hombres posteriormente:
• Si te has sentido respetada por tu padre, esperarás respeto de los hombres y en caso contrario lo exigirás o abandonarás la relación.
• Si te has sentido humillada, maltratada, abusada; podrías considerar que ésta es la forma normal de relación y seguir buscándola posteriormente en tu vida, si no pones conciencia.
• Si en la relación con él has sentido que tú le importabas, que él disfrutaba compartiendo el tiempo contigo, que tu presencia, tu mirada y tu palabra eran significativas para él. En las relaciones posteriores con los hombres, esperarás que se de esto y en caso contrario; preguntarás qué pasa y si no hay respuesta y/o cambio, te irás.
• Si te has sentido mirada por él con orgullo, con admiración y si ha piropeado tu gracia y tu belleza, aprenderás y sentirás lo valiosa y bella que eres en cualquier sentido y se irá fraguando en ti una gran solidez interna. Esto se ve muy bien en la película argentina “La luna de Avellaneda”. Donde el padre mira con arrobo, admiración y emoción la actuación de su hija en una obra teatral del colegio de final de curso.

2. Se va gestando la forma de relacionarte contigo misma:

• Si tu padre te pregunta por lo que tú quieres, lo que tú piensas y lo que tú sientes y te escucha y lo respeta. Y si él considera que algo de lo que piensas, sientes o quieres es dañino para ti y te lo hace ver con razonamientos y cuidado. Tú aprenderás a escucharte a ti misma y a valorar cuidadosamente tus pensamientos, tus sentimientos y tus deseos.
• Si te sientes cuidada por él aprenderás a cuidarte a ti misma.
• Si te sientes respetada por él aprenderás a respetarte a ti misma.
• Si te sientes valorada por él aprenderás a valorarte a ti misma.
• Si te sientes admirada por él aprenderás a admirarte a ti misma sin caer en el egotismo.
• Si te sientes mirada por él amorosamente, aprenderás a mirarte amorosamente, etc. (…)

Un hombre aprende a ser hombre de su padre y si no puede con él buscará a otros hombres con los que identificarse. Una parte de la homosexualidad se explica en los hombres por la falta de padre. Cuando en una familia el padre está ausente, es desvalorizado por la madre y no ocupa su lugar, el hijo varón no puede mamar la masculinidad de él, no puede tomar su fuerza, porque la fuerza se toma del padre, tanto el hombre como la mujer toman la fuerza para estar en la vida del padre.

Durante toda la vida estamos buscando el amor incondicional, primero lo buscamos en nuestros padres, si no lo encontramos ahí, lo buscamos en los amigos, si sufrimos decepciones, lo seguimos buscando en la pareja, y si no lo encontramos ahí en nuestros hijos. Cuando una mujer tiene un hijo varón pone ahí todas sus expectativas inconscientemente o conscientemente dice: “este va a ser el hombre de mi vida” y si la pareja no pone límites a esa relación, metafóricamente y psicológicamente la madre se come al niño. Cuando este niño se convierte en hombre, sin haber tenido la posibilidad de identificarse con su padre, porque la madre lo ha impedido y el padre no se ha impuesto a la autoridad de la madre. En la adultez este hombre buscará a otros hombres con los que aprender a ser hombre, porque este hombre tiene hambre de hombre, porque su madre no le ha dejado identificarse con su padre se lo ha tragado. Es imposible que este hombre busque a una mujer como pareja porque metafóricamente y realmente tiene “empacho” de mujer y además no quiere traicionar a su madre en el sentido de ser “la única mujer de su vida”.

En el caso de los hombres con sus hijas, las hacen sus princesitas, les dan todos los caprichos y les impiden madurar. Posteriormente en la adultez ningún hombre le llega a la suela de los zapatos a su “papi” y tienen dificultades para tener una relación satisfactoria con sus parejas. Quieren repetir el esquema con el que se relacionaban con su padre y claro la pareja se resiente.

Lo que yo enseño a mis pacientes en terapia y a mis alumnos de formación, es lo que aprendí de Claudio Naranjo, para estar sana una persona tiene que tener equilibrado los tres amores:
• El amor de la madre es el amor incondicional, te quiero porque te quiero, porque existe, porque eres mi hij@, no tienes que hacer nada especial para que yo te quiera, te quiero porque sí, porque existes, porque me sale, porque me da la gana, porque brota de mi ese amor hacia ti.
• El amor del padre es el amor condicional, sería algo así como decirle a tu hij@, te quiero si te desarrollas en la plenitud de lo que tú eres. Claudio lo llama el amor devocional, para mí, devocional en el sentido admirativo, en el sentido de ver todo el desarrollo, toda la plenitud de la existencia del ser de cualquier persona, sentido admirativo para mí como despliegue de todas sus potencialidades no en el sentido que dice Claudio de que el niño mira a la madre y la madre mira al padre, como si el padre fuera lo más importante. Yo creo que a Claudio se le ha olvidado el sentido circular, el niño mira a la madre, la madre mira al padre, el padre mira a la madre y la madre mira al niño, y también el padre mira al niño y el niño mira al padre. Todo esto como círculo del amor mutuo admirativo que se tienen los tres, que son la expresión de la grandeza de la vida en su despliegue y desarrollo constante. Yo misma me descubro muchas veces en este amor admirativo a mi pareja cuando lo veo en el despliegue de alguna potencialidad hasta ahora nunca vista.
• El amor del niño para mí es el amor a la vida, a lo nuevo, a las infinitas posibilidades, a la creatividad, a la libertad, al juego, al disfrute, etc. El niño coge un juguete y juega con él hasta que lo conoce bien y una vez que ya ha asimilado todo lo el aprendizaje que puede hacer con él lo abandona porque ya no le puede enseñar nada más y va en busca de otra cosa. (…)

Para estar sanos tenemos que tomar nuestros dos árboles genealógicos paterno y materno en la totalidad y en lo que son y agradecer a todos nuestros ancestros la existencia que tuvieron porque gracias a ella estamos nosotros aquí.

Yo siento que mi rama paterna me da mucho amor a la vida y al disfrute, me da mucha creatividad, en ella hay artesanos y hay sobre todo amor a la celebración. Esto no lo tengo bien integrado todavía en mi vida; porque mi familia materna era todo lo contrario la valoración del esfuerzo y el trabajo y como los valores de mi padre estaban contagiados de enfermedad, se miraban sus manifestaciones con desaprobación y desdén.

Lo que yo enseño a mis pacientes y alumnos es a desarrollar los tres amores dentro de sí mismos; es decir, a cada uno se convierta en la madre y el padre ideal de sí mismo y lo haga con placer; es así como van a desarrollar su autonomía y su independencia.

Pepa Campos
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Psicóloga Clínica y Sanitaria
Directora de la Escuela Jera de Terapia Gestalt

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