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Lo difícil vs. lo fácil

Lo difícil vs. lo fácil

En mis quince años de trabajo en la educación, me encontré con niños con graves déficits de relación, autistas, psicóticos, antisociales, etc. Mi experiencia es que si logro contactar con el lugar donde está el niño, si me pongo a su nivel y logro contactar con él, es como conectar con el cordón umbilical que me une a él y me permite tirar de él y sacarlo desde donde está, para llevarlo a la salud.

En ese tiempo aprendí que el amor, el cuidado y los recursos adecuados a su nivel de desarrollo, tranquilizan al niño y le hacen sentirse bien.


Lo primero es crear el vínculo con él o ella, y a partir de ahí ya es más fácil. Lo difícil es crear el vínculo. Para ello, tengo que llegar hasta donde esta él o ella y decirle metafóricamente o realmente: “Estoy aquí y te veo”, “Estoy disponible para ti, para lo que tu necesites”, “No me voy a ir”, “Estoy disponible y te apoyo”, “No importa que me rechaces, estoy aquí, hasta que te canses y podamos contactar”. Las palabras son como un medicamento, tardan un tiempo en hacer efecto; pero lo hacen.

¿Qué siento que le falta a la persona? Normalmente lo que falta es AMOR. El amor es el bálsamo que nos sana. El amor se puede traducir en PRESENCIA, en TIEMPO dedicado a la persona, en ACTITUD de ayuda, en RECURSOS para su desarrollo, en CUIDADO en el sentido de que tú sientas que eres importante para mí, etc.

A veces me he preguntado si no era una traición el trabajo que hacía con estos niños de familias muy desestructuradas, en las que yo creaba el vínculo con ellos, les mostraba un tipo de relación fantástica, donde eran escuchados y queridos y luego cuando se normalizaba su sintomatología, los dejaba en el ambiente enfermo de su familia y me iba.

Yo llego al ambiente enfermo donde están, les doy la mano y les saco de ahí, en el sentido de que les muestro una forma diferente de relación, donde son tenidos en cuenta y respetados y luego les vuelvo a dejar ahí. En cierto modo lo sentía una traición.

Desde mi punto de vista mi tarea consistía  en darles el apoyo externo que les faltaba en su medio para que se desarrollaran adecuadamente y ayudarles a elaborar su autoapoyo, lo que ocurría era que en algunos casos eran muy pequeños para hacerse cargo de ellos mismos.

Para mí lo más bonito de la terapia es ver el proceso de transformación de las personas. El proceso de hacerse cada vez más independientes, más libres y más felices y como la vida se les abre para que sean felices.


¿Dónde está lo difícil? Para mí hay distintos momentos:


•    Cuando la persona se cierra en su discurso destructivo, yo ahí la dejo hablar y cuando para, le digo si quiere añadir algo más y si me dice que no, le respondo que la he escuchado y no le digo nada más a no ser que ella me demande algo; porque veo que está parapetada ahí y me cuido de no desgastarme, hasta que la sienta que está disponible para escuchar.

•    En otros momentos, en los grupos de formación, cuando alguien muy narcisista se pone en pelea directa con los profesores de formación, con la formación y con la escuela en general, para medir su fuerza y su poder y para no cuestionarse a sí mismo y no atiende a las indicaciones mías y de los profesores de ponerse en terapia, para trabajarse lo que le duele, me alío con él y le digo que si yo pensara lo mismo que él haría lo mismo, me iría y ahí se termina la pelea; esto lo hago si no veo otra posibilidad.

•    Para mí lo difícil es escuchar lo que me duele, que tiene que ver con lo egóico y yo ahí pongo mucho hincapié en escuchar lo que me dicen mis alumnos de formación y mis pacientes; porque no siempre me sentí escuchada por mis terapeutas y profesores de formación y quiero que mis alumnos se sientan escuchados por mí. Entonces cuando me dicen algo que es la primera vez que lo escucho y no sé si es mío o no, les digo que me lo voy a dejar sentir y que ya les responderé y así lo hago.

•    A veces con pacientes muy graves no he podido sacarlos de su espiral destructiva, me he sentido impotente con ellos y se han ido.


En general yo siento que en la medida que la patología es más grave hay que poner más trabajo, más esfuerzo y más energía. A veces he sentido en el trabajo con los niños cuando estaba en la escuela en patologías graves, que su mejoría o recuperación estaba en dar metafóricamente mi vida por la de ellos, en cuanto a dedicación y esfuerzo. Y esto se ve muy claro en el libro de Bruno Bettelheim, “La fortaleza vacía”. Para mí es muy importante la intervención temprana, porque en la medida que se subsane antes la dificultad hay menos trauma, menos daño.

Según el profesor Rof Carballo la salud está en la urdimbre afectiva que se crea en la relación niño/a-madre o persona que realiza la función madre en los primeros meses y años de vida. Si el niño/a se siente amado y protegido va a desarrollar la fuerza suficiente para hacerse independiente y libre y su inteligencia se va a desarrollar exponencialmente. Tratar de reparar o crear esta urdimbre afectiva de amor y apoyo es la tarea del terapeuta y esta tarea la vamos a desarrollar con más efectividad en la medida que nosotros mismos estemos más sanos; es decir, en la medida que hayamos trabajado nuestra urdimbre afectiva primaria y nos hallamos transformados según Rof Carballo en: “Un ser absolutamente permeable y transparente, indefenso, sin resistencias, para la realidad del prójimo, anulando en nosotros, por el conocimiento, las reacciones más sutiles y enmascaradas de dominio o de dependencia.  No es casual, ni mucho menos, que para llegar a esto, a poder anular en nosotros nuestra tendencia a depender de otro o a hacer que otro dependa de nosotros (tendencias que suelen ir asociadas), el terapeuta tiene que haberse remontado en su terapia personal él mismo a los hábitos más primarios que, en su propia urdimbre de afecto, constituyeron su existencia individual.

De esta suerte consigue el ser humano, en el ejercicio de su inteligencia y su libertad, reestructurar sus reacciones más profundas en forma que, el lugar de los automatismos defensivos-ofensivos (que en el alma humana no hacen más que repetir las primigenias actitudes de interrelación que encontramos como base biológica de la subsistencia en todo ser vivo), aparezca ahora esta articulación entre la actitud “anaclítica” (amorosa) y la  actitud “diatrófica” (apoyadora) que constituye el núcleo de toda psicoterapia profunda”.

Pepa Campos
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Psicóloga Clínica y Sanitaria
Directora de la Escuela Jera de Terapia Gestalt

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