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Hogar, limpio hogar, Disfrútalo

Llegó la primavera, es hora de hacer una limpieza a fondo también en nuestro hogar.

Es un buen momento para depurar el organismo, eliminar los excesos y la sobrecarga del invierno, para ayudar a nuestro organismo a que se regenere y descanse.

Igualmente, es el mejor momento para hacer limpieza externa y crear espacios y energía para este nuevo ciclo, y de cara al verano. Es recomendable preparar la casa para el cambio de estación.

¿QUÉ NECESITAMOS?

Productos de limpieza para las distintas superficies y tipo de suciedades, material de limpieza, tales como bayetas, mopas, fregona, aspiradora, etc.

UNA BREVE GUÍA DE LOS PASOS A SEGUIR

Empieza abriendo todas las ventanas para que se ventile y se renueve bien el aire de todas las estancias. Quitar las alfombras y pasar la aspiradora, eliminar el polvo de los muebles, cambiar la ropa de invierno por la de verano, y lavar y guardar las mantas. También habrá que limpiar los cristales, el baño y la cocina a fondo, y terminar fregando el suelo. Por último, revisar el aire acondicionado, cambiar los filtros y tenerlo a punto para el verano.

Sin olvidarnos de que es el momento idóneo para limpiar a fondo los sofás y colchones de nuestra cama para eliminar todas las partículas de polvo, suciedad y ácaros que se han ido acumulando (prensando) durante el frío y húmedo invierno. En este ambiente es cuando proliferan los ácaros en mayor cantidad, pues ventilamos menos, hay más humedad ambiental y, con el calorcito humano, pues están la mar de a gusto y reproduciéndose a miles.

Es recomendable que en primavera y otoño la limpieza textil sea hecha por un profesional, pues la maquinaria y la experiencia hacen que los resultados estén garantizados. La aspiración profesional garantiza un 99% de eliminación de ácaros, dato muy valorado sobre todo por aquellas personas que sufren de alergias, asma y afecciones respiratorias.

Durante el resto del año, el mantenimiento se puede ir haciendo con la aspiradora doméstica.

¿LIMPIAMOS O CONTAMINAMOS?

Gran pregunta que nos debe hacer reflexionar. Por muchos es sabido que la producción de química sintética ha ido creciendo de manera vertiginosa en las últimas décadas. Un dato ilustrativo es que en 1930 la producción estaba en 1 millón de toneladas, lo que hoy son más de 800 millones. Lo realmente preocupante es que ni un 1% de ellas ha sido adecuadamente evaluada por los organismos competentes. Realmente los efectos negativos sobre los seres vivos están aún por conocerse.

Una parte considerable de estas sustancias sintéticas contaminantes la encontramos flotando en el aire del interior de nuestros propios hogares e, inevitablemente, acabamos por respirarlos y llevarlos a nuestros órganos internos. La EPA (Encuesta de Población Activa) defiende que la calidad del aire interior es uno de los 5 riesgos más fuertes para la salud; pueden representar un riesgo real para la salud, particularmente de los grupos más vulnerables, como las mujeres embarazadas, los niños y las personas asmáticas.

¿Donde se encuentran estos químicos tóxicos? Pues en productos básicos de higiene, alimentación, menajes, pinturas, barnices o productos de limpieza. Este último es el que más nos interesa por el tema que estamos tratando: los productos de limpieza tóxicos.

¿Cuáles son? Pues todos aquellos que habitualmente adquirimos en cualquier comercio o grandes superficies. Casi todos los productos que se usan para la limpieza doméstica son tóxicos y muy contaminantes: lejía, amoníaco, salfumán, disolventes, ambientadores, desatascadores, abrillantadores de metales, insecticidas, etc. Según estudios realizados, estos productos contienen numerosos compuestos nocivos para la salud, en particular sustancias cancerígenas (como el benceno y el formaldehído), alérgenos, irritantes o elementos que pueden afectar al sistema reproductivo, como almizcles artificiales y ftalatos. Mucho cuidado con los cloros y amonios. Atención, ya que si por sí solos son tóxicos, al mezclarlos, la toxicidad se puede disparar, cosa que hacen a menudo, sobre todo, nuestras madres y abuelas.

No estamos enseñados en el manejo de las sustancias químicas y, por ser habituales en nuestros hogares, parece que todo vale.

Damos el siguiente ejemplo gráfico, muy común entre las amas de casa que, para obtener una limpieza y desinfección impecable, mezclan lejía, amoníaco y agua caliente, no utilizan guantes ni abren la ventana de la estancia. Esto es un error fatal que nunca se debe hacer: los gases que emanan de esta mezcla son de alto riesgo, los inhalamos al respirar, los llevamos directamente a nuestros pulmones, se irritan las vías respiratorias, los ojos y, por el contacto con la piel, pasan por los poros al riego sanguíneo, la sangre se acidifica, lo que puede desencadenar en problemas articulares y, con el tiempo, en la artrosis.

Con todo ello queremos llegar a que nuestra salud y la de nuestros seres queridos (personas, mascotas y plantas) está potencialmente expuesta a enfermar. Según diversas investigaciones, los efectos pueden ir desde un simple dolor de cabeza o malestar, a depresiones, asma, alergias, afecciones de la piel, fibromialgia, SMQ, cáncer, etc. No hay que olvidar que hay químicos que el organismo no elimina y, por tanto, se pueden ir acumulando en los distintos órganos y causar dolencias a largo plazo. La alternativa está en nuestras manos. La limpieza verde es posible. La investigación está avanzando porque la demanda también es mayor, al igual que la preocupación por la conservación del medio ambiente.

INFORMACIÓN - CONCIENCIACIÓN - ACCIÓN

¿Huele a limpio en casa o a producto químico? ¿En qué fase te encuentras? ¿Por dónde empezar?

En primer lugar, cambia tu chip, la limpieza no huele. Cuando decimos que algo huele a limpio es porque lo relacionamos con el olor que desprenden los productos normalmente perfumados con fragancias sintéticas muy dañinas.

En un análisis llevado a cabo en España por la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) sobre los ambientadores que se comercializan actualmente, se concluyó que 23 de los 32 productos estudiados eran “muy malos” y deberían prohibirse.

“Al contrario de lo que se nos hace creer, los ambientadores y perfumes para el hogar no purifican el aire, sino que lo contaminan al emitir sustancias claramente tóxicas”, afirma el director de BEUC (Organización Europea de Consumidores), Jim Murray.

Podemos reemplazar muchos de estos productos por preparados ecológicos, seguros y eficaces. Cada vez es más fácil encontrar productos ecológicos certificados para una limpieza más saludable en ecotiendas, tiendas online, e incluso algunos supermercados los están empezando a comercializar.

Otra opción es la de fabricar tus propios productos naturales, como limpiacristales, fregasuelos, multiusos, desengrasantes, ambientadores, etc. Sólo necesitas materiales tan básicos como:

• Vinagre de vino blanco. Elimina el moho, las bacterias y los gérmenes.

• Bicarbonato sódico. Se usa para desodorizar, pule superficies y es un agente limpiador natural.

• Zumo de limón. Tiene cualidades antibacterianas y antisépticas, es un blanqueador natural y controla los olores.

• Aceite de oliva. Sirve para pulimentar y nutrir la madera.

• Sal. Es un abrasivo para fregar y desodorizar.

• Agua oxigenada. Ideal para eliminar las bacterias y el moho.

• Jabón de Castilla. Es el jabón natural, hecho con aceite de oliva y sosa cáustica.

• Aceites esenciales. Con tus fragancias favoritas para perfumar.

 

Para más info y cualquier consulta:

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. • www.limonnela.com

 

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