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Un paseo por GAIA

Gaia, el nombre griego de nuestro Planeta Azul (casi ¾ partes lo conforman mares y océanos), y también el de una teoría, que nació como Hipótesis Gaia, fue la diosa (Gea, en latín) que personificó a la Tierra, y a la que dio nombre.

La teoría que lleva su nombre nos revela que el planeta tiene cierta semejanza a un organismo autorregulable y estable. Para ser más exactos, la propia biosfera (conjunto de seres vivos de la Tierra) es la que regula las condiciones físicas de su entorno para hacerlo más apropiado a las especies que la conforman.

Es decir, que abre una brecha en el arraigado axioma de que el medio ambiente influye y marca definitivamente la supervivencia de las especies vegetales y animales. En realidad, son los propios seres vivos los que van moldeando la atmósfera y el entorno para hacer más habitable su propio planeta. En otras palabras, es la Vida la que crea, fomenta y mantiene unas condiciones idóneas para ella misma, afectando de esta manera al entorno (en el caso de los océanos, por ejemplo, regula parámetros tales como la temperatura, la composición química y la salinidad de los mismos).

Gaia se comportaría, así pues, como un macroorganismo rregulador, tendiendo a establecer y asentar permanentemente el equilibrio.

 

COOPERACIÓN

 

Otra hipótesis, cada vez más extendida, es la que postula la cooperación por la supervivencia. ¿Qué axioma se nos resquebraja en esta ocasión? La mal interpretada teoría darwinista de la supervivencia del más fuerte, de la lucha permanente por sobrevivir en la naturaleza. La competencia llevada a sus extremos en la naturaleza para extrapolar y, de esa manera, justificar todo un montaje social que nos cala hasta lo más profundo, haciéndonos creer torpemente que en la naturaleza animal del hombre anida la instintiva e inevitable competitividad…

Pues sí, los científicos, de tanto en tanto, también se equivocan… De hecho, la Historia de la Ciencia está sembrada, casi permanentemente, de sucesiones de teorías rebatidas o, en el mejor de los casos, ampliadas. Nuestra sociedad actual se basa en el darwinismo, pero más aún en el determinismo biológico, por el que “homo homini lupus”, es decir, “el hombre es un lobo para el hombre”. La competitividad, la desconfianza, el egocentrismo y la depredación humana son los pilares estructurales de una sociedad basada en la supuesta estructura biológica (hoy en día, incluso genética) del ser humano.

La violencia está en los genes… Y para ello, el sistema la justifica permanentemente mostrándonos imágenes ilustrativas por los medios de comunicación. Pero, al igual que ocurre con la teoría de la cooperación en la naturaleza, lo que el hombre diga o disponga, no varía un ápice el comportamiento real de los seres vivos, incluido él mismo. Las investigaciones siguen mostrando hasta la saciedad casos y más casos de cooperación entre individuos de una misma especie o incluso entre varias. Nadie cuestiona la fiereza igualmente presente en muchos casos en la Vida, pero el enfoque antropocéntrico ha deformado esta visión.

Hay múltiples ejemplos de cooperación social, en la naturaleza y entre nosotros, hasta el punto de que incluso los primatólogos están replanteando un nuevo modelo de cooperación y filiación en los comportamientos sociales, extensible a nosotros.

 

CAMBIO CLIMÁTICO: ORÍGENES

 

Nadie cuestiona hoy en día la realidad del cambio climático de nuestra Gaia. Sin embargo, hay expertos que lo que cuestionan es que el hombre realmente tenga tanta influencia como se le suele atribuir.

El clima de nuestro planeta, a lo largo de su amplia historia, ha oscilado entre estados radicalmente diferentes. Esto puede constatarse, por ejemplo, en el archivo climático de más de 110.000 años del que disponemos en Groenlandia, en el que podemos encontrarnos fuertes fluctuaciones climáticas, alternando periodos gélidos con temporadas templadas.

Los cambios climáticos son una constante, y hasta una característica propia, de nuestra Gea. Ha cambiado a escala geológica muchas veces, y lo volverá a hacer. Existen diversas causas planetarias para ello, como el cambio del eje de inclinación de la tierra, la cantidad de energía que recibimos del sol (radiación solar), la excentricidad de la órbita terrestre, o la distribución relativa de océanos y tierras. Todo ello contribuye a crear climas terrestres muy cálidos o muy fríos.

Pero hoy en día, el calentamiento global antropogénico, al margen de tendencias naturales del planeta, está posiblemente acelerando el cambio climático, de manera que la actividad humana pudiera estar influyendo en este conjunto.

Hay observadores, sin embargo, que aseguran que el sistema está aumentando la temperatura debido simplemente a que estamos en uno de los muchos periodos interglaciares de la tierra.

Según las Naciones Unidas, la principal causa del cambio climático es la contaminación atmosférica relacionada con los gases de efecto invernadero, junto con el cambio de usos del suelo, la desertización y la deforestación.

El Protocolo de Kyoto sobre el Cambio Climático (2005) es un acuerdo internacional que insta a las naciones del planeta a una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, causante principal del calentamiento global de la tierra. 187 países lo ratificaron; EEUU, el mayor emisor de gases invernadero (25% del total de emisiones en el mundo), no ha ratificado dicho Protocolo.

Pero, ¿sabemos realmente en qué consiste el proceso del que tan coloquialmente se suele hablar, especialmente en los medios, y que la Geobiología dio en llamar Efecto Invernadero? ¿Es un sistema tan perturbador y perjudicial como siempre nos han presentado?

 

EL EFECTO INVERNADERO: ¿PERJUDICIAL O BENEFICIOSO?

 

Por definición, el efecto invernadero es un calentamiento del planeta, de su atmósfera y sus océanos, debido a que un cierto número de gases atmosféricos retienen parte del calor que nos llega de los rayos solares, produciendo a escala planetaria un efecto similar al observado en un invernadero. En nuestro Sistema Solar, los planetas que presentan este fenómeno son Venus, Marte y la Tierra. En Gea, el 100% de la radiación del flujo solar es reflejada por la atmósfera y la superficie terrestre en un 30%, mientras que es absorbida en un 20% por la atmósfera y en un 50% por la superficie terrestre. Esta energía que recibe la corteza terrestre se traduce en calor en sí, siendo empleada en procesos tanto físicos como biológicos (la fotosíntesis, entre otros), y el resto es reemitido a la atmósfera en forma de radiación infrarroja, la cual es en parte absorbida a su vez por aquella, y en parte reemitida nuevamente a la superficie terrestre, lo que crea este llamado efecto invernadero, por el que la temperatura del sistema planetario se mantiene alrededor de un cierto nivel.

 

 

La posición de la Tierra en nuestro Sistema Solar, su tamaño y su tectónica han permitido un efecto invernadero benévolo (nuestra temperatura efectiva es de unos 20º C) que ha diversificado la biosfera, lo cual a su vez ha contribuido a la habitabilidad del planeta, en un intercambio global y mágico.

El efecto invernadero en nuestro planeta, esencial para la vida en el mismo, está producido por la presencia en la atmósfera de los denominados gases de efecto invernadero: vapor de agua (H2O), metano (CH4), ozono (O3), óxido de nitrógeno (N2O), clorofluorocarbonos (CFCs) y, especialmente, por ser el más abundante con un 60%, dióxido de carbono CO2). Sin estos gases, no podría ser posible la vida en el planeta, ya que se perdería toda la energía térmica que emitimos a partir de la energía radiante solar que recibimos. Sin embargo, en estos momentos, estamos incrementando los gases de efecto invernadero a gran velocidad, lo que implica un aumento en la temperatura global.

 

EL CARBONO: ELEMENTO SIDERAL

 

El carbono es un elemento muy activo. Difiere químicamente de los demás elementos por su propiedad de formar más compuestos que todos ellos juntos (400.000).

• El carbono es un elemento siderófilo: se encuentra en estrellas, cometas y meteoritos.

• Es litófilo: se encuentra en la litosfera (capa sólida rocosa superficial de la tierra).

• Es atmófilo: se encuentra en la atmósfera en forma de dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4).

• Y es biófilo: es el componente primario de la materia viva.

 

SUMIDEROS DE CO2

 

El Protocolo de Kyoto se enmarca en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (1992), en la que se define por primera vez el concepto de sumidero: mecanismo por el que se absorbe o elimina de la atmósfera un gas y se almacena. En el caso de los sumideros de CO2, éstos eliminan el dióxido de carbono de la atmósfera.

En este sentido, destaca tanto el papel de los suelos como el de la vegetación, como medios valiosísimos para secuestrar carbono, lo que se traduce en la retirada de dióxido de carbono de la atmósfera, contribuyendo así a la mitigación del calentamiento global.

De hecho, en el citado Protocolo de Kyoto, se pone de manifiesto el desarrollo y la potenciación de los sumideros naturales como herramientas importantes de lucha contra el cambio climático. Los sumideros de CO2 alivian nuestro impacto en la atmósfera, conduciendo así a un desarrollo sostenible de nuestra sociedad.

 

FOTOSÍNTESIS: FIJACIÓN DEL CO2

 

Las plantas, a lo largo de su vida, llevan a cabo dos procesos fundamentales: fotosíntesis y respiración.

Durante el día, las plantas toman el CO2 de la atmósfera y, junto con el agua y la radiación solar, a través del proceso de la fotosíntesis, transforman todo ello en tejido vegetal (biomasa) y oxígeno que liberan a la atmósfera. En ausencia de luz, toman este oxígeno atmosférico y transforman parte de su biomasa, mediante el proceso de la respiración, en vapor de agua y CO2 que liberan igualmente a la atmósfera.

Pero las plantas asimilan mucho más carbono en la fotosíntesis que el que oxidan en la respiración. De esta manera, toman la energía fijada en la fotosíntesis para sus propias actividades metabólicas, es decir, crecen y construyen su estructura (raíz, tallo y hojas, con un 45-50% de carbono), y a la vez constituyen uno de los más importantes sumideros naturales de CO2, potenciales secuestradores del sobrante CO2 aportado a la atmósfera por actividades humanas.

Los órganos fijadores del CO2 en los vegetales son las hojas, pero por poco tiempo, puesto que pasa a ser almacenado, o bien en el suelo al caer las hojas y descomponerse (otro importante sumidero de CO2 proveniente de las plantas es la materia orgánica de los suelos, procedente del proceso de descomposición de materia vegetal en humus del suelo), o bien en la parte estructural de la planta (tronco y ramas).

Así, calculando la biomasa de una especie vegetal y realizando las medidas necesarias del intercambio gaseoso de la planta, podemos calcular la cantidad de CO2 fijada al año.

Para hacernos una idea del beneficio que nos reportan las plantas, sólo el carbono retenido como biomasa en los bosques puede llegar a permanecer entre 7 y 20 años en nuestros árboles… Los bosques del planeta poseen el potencial para absorber 1/10 parte de las emisiones mundiales de carbono previstas para la 1ª mitad de este siglo.

Y no hay que olvidar que la vegetación también libera oxígeno, estimándose que 1 km2 de un bosque genera 1.000 toneladas de oxígeno al año.

Actualmente, en España sólo las áreas forestales abarcan aproximadamente un 51% de la superficie total del país. Y en Andalucía se fija en su superficie una cantidad de CO2 e 48 millones de toneladas al año, sobre todo por especies arbóreas como pinos, encinas, alcornoques y eucaliptos. De hecho, Andalucía tiene un 21% de su superficie formada por Espacios Protegidos.

5 especies típicas arbóreas mediterráneas nos servirán para comenzar a hacernos una idea del cuidado y asistencia de estos seres mágicos que habitan nuestros bosques, y sin los cuales ninguna otra especie sobre la faz de esta Tierra podría sobrevivir. Los datos se expresan en kilogramos de CO2 absorbidos o secuestrados por un ejemplar de cada una de las especies en un año.

 

ÁRBOLES

KG. CO2/AÑO

ÁRBOLES

KG. CO2/AÑO

Pino carrasco

48.870

Alcornoque

4.537

Pino piñonero

27.180

Olivo

570

Encina

5.040

 

ECOSISTEMAS URBANOS

Los sistemas urbanos generan una gran cantidad de gases de efecto invernadero. En los llamados ecosistemas urbanos, la encargada de crear los sumideros de CO2 es la vegetación urbana. Un árbol sano de unos 20 años puede absorber en un año, una cantidad de carbono equivalente a la que produce un vehículo que conduzca entre 10.000 y 20.000 km.

En todo el planeta, las ciudades ocupan un 2% de su superficie, lo que supone que este pequeño porcentaje del total del planeta es el responsable del 80% de emisiones de gases de efecto invernadero procedente de actividades humanas.

En España, el 80% de su población se encuentra establecida en ciudades, a lo largo del 20% del territorio nacional. Es el país industrializado que más aumento ha tenido de emisiones de CO2 desde 1990. Andalucía se encuentra por encima de la media nacional de emisiones, y Sevilla es la 3ª provincia andaluza que más emisiones crea.

Pero ante este panorama desalentador, nuestros fieles amigos, los árboles urbanos, arbustos y herbáceas, trabajan 24 horas para mejorar nuestra calidad de vida. Deberíamos aprovechar y potenciar esta generosidad de la naturaleza.

Estos habitantes verdes nos reportan multitud de beneficios, realizando funciones paisajísticas, ecológicas, estéticas, microclimáticas (sombra, control del viento, reducción del ruido,…), sociales (salud medioambiental, áreas recreativas, ahorro del consumo energético,…), y como sumideros naturales de CO2 y de metales pesados.

 

SEVILLA: SUMIDERO NATURAL

En el área metropolitana de Sevilla se emiten al año unas 219.000 toneladas de CO2 a partir de los vehículos. Sevilla cuenta con unos 200.000 árboles (unas 750 especies vegetales diferentes que conforman un auténtico jardín botánico repartido por toda la ciudad), mostrando una relación de superficie verde por habitante de unos 15 m2. La ciudad tiene, actualmente, 260 árboles por cada 1.000 habitantes, por encima de Berlín, Bruselas o Barcelona.

Sevilla, con sus cerca de 7 millones de m2 de zonas verdes repartidas en sus 11 distritos (desde la zona verde más extensa, el Parque de Miraflores, con sus 900.000 m2, hasta la más histórica, los Jardines de los Reales Alcázares, de los siglos XII al XX), produce 7.000 toneladas de O2 al año, mientras que secuestra miles de toneladas de CO2.

A continuación, se muestra otro cuadro comparativo, en este caso de 13 especies arbóreas y 6 arbustivas urbanas, características de la ciudad de Sevilla, en el que queda plasmada la capacidad secuestradora de CO2 de cada una de ellas:

 

ÁRBOLES

KG. CO2/AÑO

ÁRBOLES

KG. CO2/AÑO

Melia

5.969

Laurel

384

Jacaranda

1832

Durillo

46

Brachichiton

957

Palmito

40

Acacia de tres espinas

802

Adelfa

31

Olmo

762

Madroño

28

Naranjo

555

Árbol del amor

19

Álamo

498

Ciruelo japonés

17

Plátano de sombra

478

Catalpa

11

Ciprés

385

Lantana

6

 

Como ejemplo ilustrativo, la Avenida de la Borbolla fija al año 1 tonelada de CO2. Imaginemos que tenemos una calle de unos 100 metros, donde hay una Melia; si tenemos en cuenta que un coche libera 200 gr. de CO2 por km., este solitario árbol podría secuestrar del aire el CO2 emitido por 1.037 coches en un día. Si tuviésemos plantados 10 ejemplares, y estudiásemos distintas especies ornamentales principales de Sevilla, tendríamos los valores reflejados en el siguiente cuadro:

ÁRBOLES

Nº COCHES AL DIA

ÁRBOLES

Nº COCHES AL DIA

Melia

10.373

Laurel

526

Acacia de tres espinas

1.619

Durillo

77

Jacaranda

1.405

Palmito

63

Olmo

1.320

Adelfa

49

Brachichiton

1.274

Madroño

47

Álamo

831

Catalpa

38

Plátano de sombra

792

Árbol del amor

33

Naranjo

762

Ciruelo japonés

26

Ciprés

629

Lantana

10

Solamente en el centro de Sevilla existen unos 2.235 naranjos (más de 25.000 ejemplares en toda la ciudad), 542 plátanos de sombra, 164 jacarandas, 107 cipreses, 86 acacias de tres espinas, 85 álamos, 42 brachichiton, 15 catalpas y 8 melias.

El sumidero de CO2 más eficaz de la ciudad es la Melia (Melia azedarach o Azadirachta indica), procedente de la India, y llamada también comúnmente Árbol del Paraíso o Árbol del Neem. Tiene la mayor tasa de fijación de CO2 de todas las especies estudiadas, debido a una alta tasa de fotosíntesis neta y a una elevada superficie foliar. Fuera del centro urbano, podemos encontrarla en numerosos espacios, como en la Avenida San Francisco Javier, Alcalde Manuel del Valle, Ronda del Tamarguillo o Eduardo Dato. Rodeando la Estación de Santa Justa podemos encontrar más de 50 ejemplares, impregnándonos el aire cada primavera, de ese dulce aroma almibarado...

El hombre, a menudo, olvida sus raíces… simbólica palabra, raíces… como si el hombre hubiese tenido alguna vez, eones de tiempo atrás, esas fuertes ramas subterráneas que lo anclaron a la Madre Tierra, que lo hicieron brotar de ella y embeber su propia libertad… libertad para surcar los confines de océanos y tierras, y más allá, hasta los planetas, los astros y el universo…

Acaso la primavera despierte al dormido visitante de las estrellas, recordándole sus orígenesdesde los océanos de Gaia…

 

BIBLIOGRAFÍA

 

• “GAIA, UNA NUEVA VISIÓN DE LA VIDA SOBRE LA TIERRA”. James Ephraim Lovelock. 1985. Ediciones Orbis.

• “LOS SUMIDEROS NATURALES DE CO2”. Manuel Enrique Figueroa Clemente y Susana edondo Gómez. 2007. Muñoz Moya Editores Extremeños y Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla.

• “LA FLORA MAYOR DEL CENTRO DE SEVILLA”. Pilar Candau Fernández Mensaque y Ana Mª Pérez Tello. 2000. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla.

• “JARDINES Y PARQUES DE SEVILLA”. Francisco Bueno Manso y José Elías Bonells. 2000. Editorial Andaluza de Periódicos Independientes.

 

Mar Deneb.

Bióloga y Directora Técnica del

Proyecto P.R.U.G. del Parque Natural “Bahía de Cádiz”

Proyecto P.R.U.G. del Parque Natural “Barbate”

Proyecto S.I.N.A.M.B.A.

(Proyectos de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía)

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