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La jardinería ecológica

La jardinería ecológica

“Los que contemplan la belleza del mundo encuentran reservas de fortaleza que los acompañarán durante toda la vida”  Rachel Louise Carson

La jardinería ecológica, además de ser un modo de trabajar los jardines, es un modo de vida. 

En la jardinería ecológica se tienen en cuenta criterios que cuiden no sólo el entorno de un jardín, sino también matices más sutiles, compaginando el buen trato tanto a lo que se ve como a lo que no. Se cuida lo que perciben nuestros sentidos – flores, árboles, arriates, pradera de césped y la vida inherente al jardín; pero también se atiende a la digestión del suelo, los pájaros que vendrán mañana y la calidad del trabajo de los y las operarios. Esto se traduce en un sueldo digno y decente, medidas de seguridad acordes a los trabajos que se están realizando, apoyo interno para subir de categoría, etc. 

La jardinería ecológica, lo que principalmente trata de cultivar es una mente ecológica.

Según Gregory Bateson, antropólogo, científico social, lingüista y cibernético y que escribió entre otros, “Pasos hacia una ecología de la mente”, la mente indígena, frente a las formas de pensar occidentales, funciona como un patrón que conecta e interrelaciona la mente del ser humano con la de todas las demás especies y formas del cosmos. Todo es uno. Y el ser humano, dentro de esta multipluralidad, es una pieza más, si bien privilegiada por tener nada más y nada menos que conciencia del gran juego. 

Es importante tener una mente ecológica o con inquietudes ecológicas para dejarse llevar y enseñar por la Naturaleza e integrar los jardines, o el huerto en la vida sin que ni éstos ni el entorno se vean perjudicados con nuestras prácticas de trabajo. Hay que utilizar el jardín y la huerta para cultivar nuestra mente ecológica, es decir, nuestra conciencia de unidad con todo lo que nos rodea.

Mente ecológica es saber que soy responsable de los resultados y eso lo vemos en el huerto o jardín.

El jardinero ecológico o la  jardinera ecológica tiene por maestra a la propia Naturaleza y aparte de leer e instruirse cuanto pueda y quiera sobre la biología d las plantas que ha de cuidar o cultivar, ha de observar con atención, porque cada lugar es distinto: cambia la orientación, el grado de humedad, la temperatura, la sombra o el PH del suelo es ligeramente distinto en 100 metros y eso es lo q hace que aunque en teoría éste sería buen lugar para tomates es en realidad allí donde son más sabrosos o que aquí, mejor que allí, florezca más abundante el romero.

Y eso no porque lo diga yo,  que soy una simple jardinera. Esto mismo me lo transmitió Alberto García Camarasa, director del Programa de Forestación y Jardinería de la Expo’92 y el que fuera responsable de los viveros del parque del Alamillo: “Observa, observa y observa”.

El/la profesional de la jardinería ecológica sabe observar y es como un director de orquesta en medio del jardín. Una buena dirección producirá la más bella sinfonía para los sentidos, dando forma, con color, olores y texturas al jardín o la huerta. La persona que trabaja con una mente ecológica sabe que sólo es una pieza más dentro del conjunto, una pieza con el poder de elegir y es su responsabilidad hacerse consciente de lo que elige. 

Podemos elegir tener una mente ecológica y respetar la armonía que surge del  jardín. ¿Por qué tratar contra el pulgón un ataque leve si tenemos pájaros en el jardín? Si matamos con dimetoato larvas, gusanos, áfidos, ácaros, moscas blancas, etc., ¿qué comerán las mantis, las avispas y los escarabajos? Todos estos insectos y otros muchos mantendrán a raya las plagas si los dejamos.

Mente ecológica es saber que no se deben matar moscas a cañonazos.

¿Qué queremos? ¿Un jardín vibrante de vida y color o una perfecta y silenciosa fotografía en tres dimensiones? ¿Qué pasará con el agua que fluye bajo el suelo si filtro tantos nitratos, pesticidas y herbicidas? Tenemos que hacernos preguntas constantemente y dejar que la naturaleza nos responda.

Efecto y causa. Sabremos que lo estamos haciendo bien cuanto más estemos integrando,  hasta que sintamos que lo hemos integrado todo sumando en el marco de la biodiversidad. Y que lo estamos haciendo mal si estamos restando en el juego del cuidado. 

Si somos capaces de respetar los ciclos de las plantas atendiendo sus necesidades, el jardín y la huerta cuidarán también de nosotros y de nuestro entorno. 

 

Tamara Azul

Socia fundadora de Azul Jardines SC

www.azuljardines.com

 

 

“Los que contemplan la belleza del mundo encuentran reservas de fortaleza que los acompañarán durante toda la vida”  Rachel Louise Carson

La jardinería ecológica, además de ser un modo de trabajar los jardines, es un modo de vida.

En la jardinería ecológica se tienen en cuenta criterios que cuiden no sólo el entorno de un jardín, sino también matices más sutiles, compaginando el buen trato tanto a lo que se ve como a lo que no. Se cuida lo que perciben nuestros sentidos – flores, árboles, arriates, pradera de césped y la vida inherente al jardín; pero también se atiende a la digestión del suelo, los pájaros que vendrán mañana y la calidad del trabajo de los y las operarios. Esto se traduce en un sueldo digno y decente, medidas de seguridad acordes a los trabajos que se están realizando, apoyo interno para subir de categoría, etc.

La jardinería ecológica, lo que principalmente trata de cultivar es una mente ecológica.

Según Gregory Bateson, antropólogo, científico social, lingüista y cibernético y que escribió entre otros, “Pasos hacia una ecología de la mente”, la mente indígena, frente a las formas de pensar occidentales, funciona como un patrón que conecta e interrelaciona la mente del ser humano con la de todas las demás especies y formas del cosmos. Todo es uno. Y el ser humano, dentro de esta multipluralidad, es una pieza más, si bien privilegiada por tener nada más y nada menos que conciencia del gran juego.

Es importante tener una mente ecológica o con inquietudes ecológicas para dejarse llevar y enseñar por la Naturaleza e integrar los jardines, o el huerto en la vida sin que ni éstos ni el entorno se vean perjudicados con nuestras prácticas de trabajo. Hay que utilizar el jardín y la huerta para cultivar nuestra mente ecológica, es decir, nuestra conciencia de unidad con todo lo que nos rodea.

Mente ecológica es saber que soy responsable de los resultados y eso lo vemos en el huerto o jardín.

El jardinero ecológico o la  jardinera ecológica tiene por maestra a la propia Naturaleza y aparte de leer e instruirse cuanto pueda y quiera sobre la biología d las plantas que ha de cuidar o cultivar, ha de observar con atención, porque cada lugar es distinto: cambia la orientación, el grado de humedad, la temperatura, la sombra o el PH del suelo es ligeramente distinto en 100 metros y eso es lo q hace que aunque en teoría éste sería buen lugar para tomates es en realidad allí donde son más sabrosos o que aquí, mejor que allí, florezca más abundante el romero.

Y eso no porque lo diga yo,  que soy una simple jardinera. Esto mismo me lo transmitió Alberto García Camarasa, director del Programa de Forestación y Jardinería de la Expo’92 y el que fuera responsable de los viveros del parque del Alamillo: “Observa, observa y observa”.

El/la profesional de la jardinería ecológica sabe observar y es como un director de orquesta en medio del jardín. Una buena dirección producirá la más bella sinfonía para los sentidos, dando forma, con color, olores y texturas al jardín o la huerta. La persona que trabaja con una mente ecológica sabe que sólo es una pieza más dentro del conjunto, una pieza con el poder de elegir y es su responsabilidad hacerse consciente de lo que elige.

Podemos elegir tener una mente ecológica y respetar la armonía que surge del  jardín. ¿Por qué tratar contra el pulgón un ataque leve si tenemos pájaros en el jardín? Si matamos con dimetoato larvas, gusanos, áfidos, ácaros, moscas blancas, etc., ¿qué comerán las mantis, las avispas y los escarabajos? Todos estos insectos y otros muchos mantendrán a raya las plagas si los dejamos.

Mente ecológica es saber que no se deben matar moscas a cañonazos.

¿Qué queremos? ¿Un jardín vibrante de vida y color o una perfecta y silenciosa fotografía en tres dimensiones? ¿Qué pasará con el agua que fluye bajo el suelo si filtro tantos nitratos, pesticidas y herbicidas? Tenemos que hacernos preguntas constantemente y dejar que la naturaleza nos responda.

Efecto y causa. Sabremos que lo estamos haciendo bien cuanto más estemos integrando,  hasta que sintamos que lo hemos integrado todo sumando en el marco de la biodiversidad. Y que lo estamos haciendo mal si estamos restando en el juego del cuidado.

Si somos capaces de respetar los ciclos de las plantas atendiendo sus necesidades, el jardín y la huerta cuidarán también de nosotros y de nuestro entorno. 

Tamara Azul

Socia fundadora de Azul Jardines SC

www.azuljardines.com

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