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Flores de Bach y crianza “respetuosa”

Flores de Bach y crianza “respetuosa”

avens 167547 640La Terapia con Flores de Bach en el reequilibrio de conflictivas personales dentro de la familia.

Las Flores de Bach son ya conocidas y utilizadas en todo el mundo y han hecho prueba de su eficacia para ayudar a equilibrar todo tipo de estado emocional negativo, que puede llegar incluso a conducirnos a la enfermedad. Se han escrito muchísimos libros sobre ellas, cómo tomarlas, qué son, de dónde vienen, para qué sirven y también se han escrito libros sobre las Flores de Bach para hombres, para mujeres, para los niños, adolescentes etc. Yo no voy a hablar sobre todo esto que ya está más que desarrollado y con muy buenos exponentes, como Judy Howard y Stephane Ball entre otros, por no nombrar evidentemente al propio Dr. Bach, que nos dejó sus escritos con toda su filosofía y la explicación del sistema Floral.

Teniendo a dos niños pequeños me encuentro en un momento vital en el que la crianza lo inunda todo. Por esta razón quiero escribir sobre este hecho tan importante en la vida de hombres, mujeres, niños y niñas pero partiendo de una premisa que no ha sido desarrollada como yo creo que sería necesario.
Por lo general, cuando se habla de las Flores de Bach se describen por un lado, los estados emocionales desequilibrados o las situaciones que nos pueden llevar a ellos para luego proponer las Flores que podrían ayudar a equilibrarlos; o por otro lado, se considera la Terapia Floral, como decía arriba, por temas, como “Las Flores de Bach y las mujeres”, “Flores de Bach en la infancia” “los hombres y las Flores de Bach” etc; pero muy rara vez se relaciona el mundo del adulto (racional) con el del niño (emocional), y menos frecuentemente aún se considera que la sanación del niño o de la niña pasa necesariamente por un planteamiento que englobe a todos los miembros de su familia nuclear. Ésta es la premisa a la que me refería antes. Es fundamental proponer una mirada más global, más holística, con respecto a todos los que conformamos una constelación familiar, de modo que todo el potencial que hay en ella para poder evolucionar como conjunto y también como individuos no se quede en un nivel potencial, sino concreto y efectivo.

La crianza, y desde ahora siempre consideraremos la experiencia de la maternidad y la paternidad englobadas en ella, es una vivencia muy hermosa y a la vez muy “devastadora”. Hermosa por que dar la vida a un nuevo ser es en si maravilloso, y que ese ser venga a hacer su camino en esta vida junto a uno, nos llena de emoción , de ternura, de luz… Además, qué decir del “Amor” en mayúsculas que padres y madres podemos llegar a sentir por estos seres. En fin, estaremos al menos de acuerdo en que ser padres y madres es una experiencia única y que nos cambia para siempre. Pero hablemos de la otra parte, de esa parte que no nos gusta, que nos hace sentir mal, con rabia, culpables, inseguros, abatidos, desilusionados, de lo que llegamos a sentir como padres y madres en los momentos de dificultad. Hablemos de esta parte que calificaba de “devastadora”; ésta que vive escondida dentro de cada uno y que no queremos ventilar mucho por que nos duele, porque nos hace daño y hasta nos da miedo. Ésta es la parte que nos interesa de verdad, ya que gracias a ella podemos comprender cosas de nosotros mismos que hasta el día de hoy posiblemente ni siquiera veíamos. Es la parte que nos muestra a nosotros mimos tal cual somos, con nuestras luces y nuestras sombras, y ella es un camino excepcional que nos puede guiar para sanar y para equilibrar aspectos personales que no hemos sido capaces de ver en otras circunstancias o que si hemos visto pero que no nos han “quemado” a fuego vivo las entrañas como ahora.

Todos vivimos en la paternidad y maternidad el cansancio, la exasperación, la intolerancia, la impaciencia, la necesidad de estar un momento solos (en silencio sin esos gritos, peleas o llantos), la necesidad de tener espacios vitales adultos después de una jornada completa con los niños, la sensación de no poder “dar” más y necesitar “recibir” algo, la frustración cuando las cosas no salen como previstas, el dolor cuando vemos a nuestros hijos tristes, la rabia cuando no nos escuchan… En fin, la lista es muy, pero muy larga.
¿Y qué hay del otro lado? ¿Del lado de los peques? Pues lo mismo. Es enorme el amor que ellos y ellas sienten hacia sus padres, es infinita la necesidad que tienen de estar junto a ellos, el cariño incondicional que les profesan. Pero también está, al igual que para los adultos, la otra cara de la moneda: toda la inmensa frustración que sienten día a día al no poder hacer lo que quieren, al tener que escuchar y obedecer las normas de los mayores o al no poder “ser” ellos mismos todo el tiempo por que tienen que acatar las exigencias de los adultos. A veces sienten que están haciendo algo mal cuando los mayores se enfadan o que no son lo suficientemente buenos a los ojos de los padres y madres. Otras veces aflora en ellos una rabia profunda cuando en millones de situaciones cotidianas no se sienten comprendidos o queridos. Están también las veces en que se sienten abandonados, solos, con miedo… Es otra lista interminable.

Y aquí estamos con los dos lados o polos de la crianza: padres y madres por un lado, e hijos e hijas por otro; pero no hay que olvidar que entre todos forman un entramado de relaciones con entidad propia y que lo interesante, a mi modo de ver, es poder considerar la familia de esta manera.

El Dr. Bach en su libro “Cúrese usted mismo” dedica un capítulo a la crianza, haciendo un énfasis especial en la importancia del respeto a la libertad esencial de cada persona, concretamente a los niños y niñas, y a la labor que tienen los padres y madres de acompañar a los seres que engendran y vienen a este mundo. Para él es capital que en ningún momento se trate de cambiarlos o guiarlos con fines propios, impidiéndoles desarrollar su propia personalidad. Al leer estas palabras, podríamos pensar que estamos hablando de la manera en que se concibe hoy en día la crianza natural o respetuosa. Y es que, por lo general, los procesos y necesidades del niño y de la niña son lo más importante desde esta perspectiva y se intenta respetarlos al máximo.
Todo esto es muy válido pero, ¿qué hay de las necesidades de los padres y madres? ¿Qué hay de las necesidades de los otros, del entorno? Aquí es donde podemos considerar la importancia de las palabras del Dr. Bach pues para él el respeto a la libertad de cada individuo, aunque estemos haciendo referencia concretamente a la crianza, engloba por igual a hijos, hijas, padres y madres. Si no tomamos en cuenta todos estos aspectos no podremos tener una crianza realmente respetuosa ni tampoco será vivida como una oportunidad vital fructífera que nos ayude a evolucionar.
Yo misma en mi experiencia como madre he sucumbido a este error tan frecuente  y he  antepuesto en todo momento, o he tratado de hacerlo, las necesidades de mis niños a las mías propias, llegando a un punto de desequilibrio insostenible que me ha ayudado justamente a tomar conciencia de esta descompensación. A mi vivencia como madre se le suma mi propia experiencia profesional como terapeuta Floral, y esto me lleva a resumir la esencia de la crianza dentro de la constelación que representa cada familia, aunque parezca una perogrullada, en una palabra: respeto.Pero no sólo respeto de las necesidades de los niños y niñas, si no del respeto hacia “todos”. En una crianza que se entienda como  respetuosa hay que considerar individualmente a cada persona involucrada en ella y paralelamente, a la suma de ellas como núcleo familiar, para poder así equilibrar con éxito los procesos emocionales que sea necesario.

La crianza puede ser considerada y aprovechada como una gran oportunidad para todos de desarrollo personal, pero para ello debemos estar alerta de lo que nos está pasando, para al validarlo, intentar equilibrarlo. Por ello es fundamental, por un lado, tomar en cuenta los estados emocionales negativos y rasgos de personalidad de cada individuo en una familia y buscar las esencias que nos ayudarán a encontrar un balance; y por otro lado, tratar a la familia en su conjunto, la constelación que ella forma, para que se potencie una evolución general y pasemos por la crianza aprendiendo y creciendo en todos los aspectos. Es por ello que cuando me piden una consulta para un niño o niña, invito siempre al menos a uno de sus progenitores a revisar sus propios procesos para que no se vuelquen todas las expectativas sólo en la mejora de los estados emocionales negativos que ven en sus hijos e hijas. Por lo general cuando los padres y madres se equilibran, que es cuando hay un cambio energético en ellos, los hijos van a mejorar sensiblemente en su conflictiva personal porque no hay que olvidar que están muy unidos emocional y energéticamente a nosotros durante muchos años.

A modo de ejemplo tomemos a una madre de personalidad Chicory (achicoria), a un padre de personalidad Impatiens (impaciencia) y un hijo de personalidad Centaury (centaura). La madre tendrá tendencia a controlarlo todo, tratando que sus seres queridos estén cerca de ella y valoren todo lo que hace para ellos o por ellos. El padre, será una persona muy rápida a nivel mental y vivirá bajo un estrés constante, queriendo ir a toda velocidad por la vida. Querrá que las cosas se hagan como él quiere y con la premura que demanda. Tendrá mucha facilidad para irritarse y explotar, y poca escucha para con los otros. El niño Centaury, más bien introvertido y sumiso, evitará las peleas, querrá que sus padres lo valoren y acepten, y para eso intentará satisfacer sus demandas. Si esta madre y este padre no llegan a trabajar estos aspectos de su personalidad, ellos por su parte sufrirán este desequilibrio, y es muy posible que el niño, por la suya, no llegue a contactar con su voz interior, ya que con su carácter centaury tendrá tendencia a asumir que lo primordial  es lo que los otros necesitan y esperan de él. Lo más probable es que no llegue a exteriorizar sus emociones y que su carácter sumiso se acentúe cada vez más y acabe degenerando en un desarreglo emocional mayor. Sin embargo, si el niño toma el elixir centaury podrá equilibrarse y exteriorizar sus emociones. No será fundamental para él el servir a los otros y ser validado constantemente por ellos, y dejando espacio a que sus propias necesidades aparezcan, tendrá menos miedo a las discusiones y a la opinión de sus padres, cosa que antes era impensable. Esto, como digo, será posible si el niño no es el único que sea tratado con Flores de Bach, porque si los padres no toman consciencia de su sombra, lo más probable es que la evolución de éste quede en suspenso.
Este caso hipotético es sólo un ejemplo, pues cada persona es única. En cada una interaccionan distintos rasgos de personalidad que hacen que se relacione consigo misma y con los demás de maneras diferentes.

Para poder desarrollar esta concepción del trabajo con Flores de Bach en familia he ideado un taller en el que trabajamos los estados emocionales en desequilibrio, simultánea y paralelamente, desde cada núcleo familiar y desde cada individuo, lo que permite vivir la crianza como un real aprendizaje y como una forma de evolución personal.

Nuestros niños y niñas han elegido venir a este planeta en el seno de nuestras familias por que somos nosotros como padres y madres los que les podemos acompañar en sus primeros años de vida para su propio desarrollo. Nosotros tenemos la increíble oportunidad de estar al lado de estos seres, lo que nos puede permitir tomar conciencia de nuestra propia “sombra” y seguir así creciendo  no sólo como padres y madres, sino como hombres y mujeres. Esta es una dimensión de la crianza mucho más profunda y las Flores de Bach hacen esta evolución posible al ayudarnos a equilibrar nuestros estados emocionales en el proceso de ser cada vez más nosotros mismos.

Macarena Vergara
Consejera profesional colegiada por la Bach Fundation (BFRP ESP-2009-0211V)
www.floresdebachsevilla.com

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