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El Agua
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El Agua

“Olvidamos que el ciclo del agua y el ciclo de la vida son uno mismo.”
 Jacques Y. Cousteau

Además de ser la molécula más abundante en los seres vivos, y por tanto en nuestro organismo, es la única molécula que coexiste de forma abundante en la tierra en estado líquido, sólido y gaseoso. Quizás esto nos dé que pensar en que somos tan sólido, como líquido y gaseosos (somos corporales, mentales y energéticos).
La cantidad de agua que hay en nuestro organismo, como todos ya sabemos, es muy considerable: desde casi un 90% en la etapa fetal al 60% de una persona adulta (+ ó – 60años). En un adulto comprende aproximadamente el 73% de la masa corporal magra  y el 50-60% del peso corporal total.
Si nos paramos a pensar en esto nos podremos dar cuenta que a menor cantidad de agua más “achaques” van apareciendo en nuestro organismo (dolores óseos, pérdida de memoria, alteraciones, deshidratación….) En realidad somos como plantas que necesitan del agua para VIVIR., sin ellas nuestras hojas se arrugan, nuestras ramas se van secando y volviendo rígidas. Cuando aparecen las arrugas en nuestra piel, en nuestro rostro, y solo entonces, nos entra la urgencia por querer quitárnosla. Y lo queremos conseguir a base de cremas, de aceites, pero no nos damos cuenta que lo que nuestro cuerpo nos está diciendo es que ha necesitado Agua, que se ha quedado sin ella para nutrirse a todo él. Y esto es solo la parte que vemos. ¿Qué está ocurriendo dentro de nosotros, que está ocurriendo en nuestros órganos vitales? ¿Se estarán deshidratando?
Cuando vemos una planta mustia no se nos ocurre ponerle cremas ni aceites, simplemente la regamos y en poco tiempo, a veces en minutos, vemos como recupera su esplendor. Pero los humanos no somos, no sabemos o hemos olvidado el ser tan rápidos como los vegetales en este sentido de recuperación.
Este dato es muy ilustrativo: el  65% total del agua en el cuerpo forma parte del líquido intracelular y el 35% lo hace del extracelular, y estamos hablando de todas las células de nuestro cuerpo, no solo de la piel.
Y es que el agua está presente en todas las reacciones que se llevan a cabo en nuestro organismo: en la formación de los jugos gástricos, las lágrimas, el sudor (a través de la evaporación por la piel interviene en la termorregulación corporal), la saliva, en la sangre que circula por todo nuestro cuerpo. Interviene en el aporte de nutrientes a las células así como en retirar las sustancias de desechos. La estructura de las macromoléculas (proteínas o polisacáridos entre otras) es estabilizada por el agua.
Para no extender demasiado, por último, decir que la información que hacemos llegar desde nuestros órganos de los sentidos al cerebro lo hacemos con impulsos eléctricos que recorren los nervios sensoriales. ¿Y NO ES EL AGUA EL MEJOR CONDUCTOR ELÉCTRICO QUE CONOCEMOS? Con una buena comunicación sensorial quizás nuestro SENTIR (ver, oír, oler, degustar  y palpar),  en definitiva nuestra VIDA, podría ser más consciente. Es una pena el no acordarnos de ese estado, cuando estábamos inmersos en “liquido” y éramos un % muy elevado de agua, dentro de nuestra madre.
El agua nos limpia y arrastra al exterior lo que ya no es necesario. Por ello hemos de estar atentos al balance hídrico de nuestro organismo. Nunca, jamás, hemos de dar pie a la deshidratación.  
Siempre se ha dicho que es “mejor prevenir que curar”. Así pues, debemos ser conscientes de la necesidad de BEBER AGUA. Lo ideal es hacerlo sin tener sed, pues si lo hacemos cuando ya la tenemos, es señal inequívoca que desde nuestro hipotálamo ha salido la orden y por tanto ha ocurrido todo un proceso dentro de nosotros para crearnos esta NECESIDAD.
Muchos justifican la ingesta de agua diciendo que beben muchos zumos, infusiones, tés….. Pero tanto el alcohol, como el té, el café, los zumos, las infusiones o las bebidas refrescantes son líquidos… PERO NO SON AGUA. Su composición química no es la del agua, la contienen, cierto, pero no lo es. Por tanto, se trata de beber AGUA aparte de todo el resto de líquidos que podamos beber.

Si no damos a nuestro cuerpo el agua necesaria éste sufrirá deshidratación. ¿Y cómo lo podemos saber? Ya hemos visto que lo más significativo que hace nuestro organismo para llamar la atención de que necesita agua es la sensación de sed, la necesidad de beber. Pero la mayoría de las veces saciamos la sed limitándonos a beber algún refresco, alguna cervecita fresquita y como acabamos de ver que esto NO ES AGUA. El agua es el único elemento en la naturaleza que limpia. A nadie se le ocurre lavar la ropa, ni limpiar con el mejor de los zumos o con la mejor y más saludable infusión o con la más fresca cerveza. Lo único que LIMPIA ES EL ELMENTO AGUA.


No podremos preguntar cuál es el mejor momento para beber agua.

Hay varios momentos en el día:
Al levantarnos por la mañana (uno o dos vasos de agua de 200 ml.)
Media hora antes de la comida y de la cena (un vaso) y dos horas y media, una vez acabada la digestión  (otro vaso de 200 ml).
Tomaremos durante el día dos o tres vasos más. Con lo que la ingesta estará entre 8 y 9 vasos al día, que más o menos es la cantidad necesaria. Por supuesto a tener en cuenta el peso corporal, la actividad física, la alimentación, la temperatura…..

Además de la sed, para saber si nuestro cuerpo necesita agua podemos fijarnos en el color de la orina. Si es oscuro muy posiblemente nuestros riñones estén trabajando con muy poca agua, por lo que hay saturación de desechos en la orina.

RECUERDA SIEMPRE QUE LA DESHIDRATACIÓN ES EL PRINCIPAL FACTOR ESTRESANTE DE TODA MATERIA VIVA.

Juan Carlos Arroyo Ruiz
Reflexólogo Holístico

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